por Martha Kilpatrick.
copyright © 2002
Declaración de fe del autor
Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios,
Vino en carne, derramó su Sangre Santa en
La Cruz del Calvario por los pecados del mundo.
Él es Señor del universo, Rey de Reyes
y yo soy Suya.
Martha Kilpatrick
NOTA ESPAÑOL: las citas bíblicas provienen de la versión RV1960, aunque el contenido se ha adecuado en ocasiones a las versiones en inglés que utiliza la autora. En estos casos se han consultado otras versiones en español para intentar tener siempre una referencia en español para contrastar esas modificaciones, que han sido:
La Biblia Peshita (Ed. Hernandez)
Interlineal Griego-Español Fco. Lacueva (Ed. Clie)
Interlineal Hebreo-Español AT (editorial Clie).
Título Original: Chariot of Fire
Copyright © 2002 –Martha Kilpatrick
Primera edición
Shulamite Publishing
P.O. Box 30
Suches, GA 30572
866.311.4646
http://www.shulamitepublishing.com
http://www.shulamite.com
Prefacio del traductor:
Ciertos escritos conservan una impronta eterna que trasciende al tiempo en que fueron escritos. Nos acercan al mundo espiritual de donde provenimos y perfilan los secretos de Dios.
Para aquellos de nosotros que estamos en la Gran Búsqueda, encierran mensajes que impactan de tal manera las vidas que llegan a formar parte de nuestra realidad. Escritos que exaltan sobremanera al Señor Jesucristo y a Su Reino; que no hablan meramente acerca de Dios, sino que imparten a Dios; testigos innegables de vidas entregadas al conocimiento de Aquel que todo lo trasciende.
Y sin lugar a dudas... este que sostienes es uno de esos manuscritos raros y prodigiosos.
Dicho esto, libres quedamos para acercarnos a Dios una vez más.
-Son of Epafrodite
19-12-2005
Círculo Santo
Introducción
Existe una historia política mundial
y el relato histórico de las naciones.
Pero la verdadera historia es el registro no escrito de
la humanidad, de la gente y de sus vidas en particular,
compuestas y redactadas por Dios y anotadas
sólo en Sus Anales Eternos.
Hay películas de guerras y documentos de combate.
Pero la auténtica guerra se pelea individuo a individuo,
una colisión espiritual de cielo e infierno
que se disputa en el corazón solitario,
y allí, en los recovecos del alma...
se gana o se pierde.
Este no es un libro que quería escribir.
Es un libro que tenía que escribir,
y al final ha devenido en un gozo que ofrecer
al Cuerpo de Cristo, aquellos que llevan la
unción de Elías
y reconocen la tortura de Jezabel.
Lo considero mi documento espiritual de guerra,
un manual de la estrategia del enemigo y, ante todo,
una explosiva declaración de Victoria.
La Biblia habla de Dios... y del hombre...
pero también de algo más.
El estremecedor contenido de la Biblia versa en gran medida
acerca del mal...
en todas sus capciosas facetas y
aburrida reiteración.
Preferimos volver nuestras religiosas cabezas y
esperar a que se marche, este mal.
No lo hará.
Para el creyente apasionado –el que anhela el rostro de Dios–
esta presencia, esta obscura resistencia,
se halla detrás de cada esquina.
Debe ser confrontada...
o consumirá tu alma.
La misión asignada por Dios,
la prueba de obediencia,
el crisol de la pureza...
se oculta en tus negocios con el mal,
en tus escarceos con Su colérico enemigo.
Es una responsabilidad aterradora.
Mejor trabajar que luchar,
y bailar a preocuparse.
Pero si no consigues alcanzar tu cuadrilátero de combate,
has perdido tu oportunidad de Aventura Divina,
mención aparte de tu Destino Eterno.
Satanás escribirá entonces el último capítulo de tu historia.
Si no consigues enfrentar el mal, y te niegas a darle nombre,
tú te conviertes en mal,
catastróficamente cegado a él.
William Blake,
el gran poeta cristiano del siglo XVIII escribió:
“Traedme mi arco de oro ardiente.
Traedme mis saetas de esperanza.
Traedme mi jabalina, oh nubes de algodón.
Traedme mi carro de fuego.”
El fuego de Elías, resplandeciente ante el mal satánico,
es una cualidad ausente en hombres y mujeres cristianos...
y por ende en la iglesia.
El Carro de fuego ha de ser restaurado en esta generación, que bien pudiera ser la última.
Así pues...
para el audaz,
y para el desesperado,
¡venid conmigo!
Este experimentado guerrero de copiosas cicatrices
tiene cierta Luz para socorrer tu camino de ascensión...
y algunas Muy Buenas Nuevas.
Cuánto te alabo, oh padre mío, por tu Perfecto Don de victoria en el Único y Unigénito Hijo, Jesucristo. Permite que esa Poderosa Victoria resuene en estas palabras y dé
esperanza y triunfo a tu pueblo.
Siquiera más allá, Señor, que en este escrito
sea Dios magnificado,
y por medio de este escrito, satisfecho.
¡Amén y amén!
Martha Kilpatrick
Este es el juicio:
Que la luz vino al mundo,
pero los hombres amaron más la oscuridad que la luz,
porque sus obras eran malas.
Pues todo aquel que hace cosas detestables aborrece la luz
y no viene a ella, por temor a que ante Dios
sus obras sean expuestas.
Juan 3:19,20
El Tisbita en Israel
Un hombre desconocido,
con un pasado desconocido...
que fue conocido por Dios
Llega Elías
Elías era tisbita.
Mientras vivía ajeno a la civilización
guardaba en secreto una increíble historia junto a Dios,
un relato nunca dado a conocer.
Se gestaba una misión específica asignada por Dios.
Su nombre significa “Jehová es Dios.” No Jezabel, ni Baal...
Dios es Dios, y Elías fue enviado para probarlo.
Surgió de ese oscuro pasado para adentrarse en la era de la apostasía de Israel como una figura esencial ante el drama de Jezabel y Acab.
Su misión de parte de Dios: derrotarles.
Y sólo a causa de Elías el relato sufre un giro inesperado.
La narración conserva un secreto eterno; un secreto que se adentra hasta el final de la saga bíblica en Apocalipsis 2. No es un simple relato bíblico de un lejano pasado, sino una lección para los Últimos Días,
“antes del grande y terrible día de Jehová.”
Malaquías 4:5
Elías se encuentra al final del Antiguo Testamento.
El significativo cierre del Antiguo Testamento
se enmarca en la promesa de su retorno...
en la visitación de Dios bajo el arquetipo de Elías.
Sus últimas palabras...
“He aquí, yo os envío el profeta Elías,
antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”
Malaquías 4:5
La naturaleza de Elías y la misión de Elías
volverán a modo de provisión de Dios
al final de las edades.
El relato contiene los elementos de la derrota de Jezabel y Acab
y del glorioso arrebatamiento de Elías.
Así pues, el enemigo principal en los últimos días será Jezabel,
y su derrota será el preludio del rapto.
Por ello, velamos por la revelación de la visitación de Elías,
el efecto de la cual será
“volver el corazón de los padres hacia los hijos,
y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea
que yo venga y hiera la tierra con maldición.
Malaquías 4:6
Elías ostenta un lugar de exaltación en
toda la historia de la redención de Dios.
Es honrado como el ejemplo supremo de
la oración contestada en Santiago 5:16-18.
“La oración ferviente (de corazón, continua)
de un justo
puede mucho (es dinámica en su obrar).”
Elías, siendo plenamente humano, era un comandante de
los cielos. Un ejemplo divino de oración.
Elías, en un cuerpo tan lleno de flaquezas como nosotros, oró con gran vehemencia para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.
Elías, el hombre que había detrás de la oración...
Las palabras de la oración, las ideas de la oración, no
generan respuestas.
La vida del que ora
determina el poder de la respuesta.
Elías, rebosante de Energía Divina,
derechohabiente de los planes secretos de Dios
a causa de una rendición radical...
estos son los elementos que responden a la oración.
No cuánto ores, no lo que dices,
sino quién eres ante Su rostro... en lo secreto.
Por la oración Elías tenía potestad sobre los gobernantes
de Israel: Jezabel y Acab.
Mediante la oración instauró el dominio de Dios.
“¡Dios es Dios!”
Y eso fue lo que Elías llevó a cabo, demostró y probó.
¡Oh, qué maravilloso!
¡Su vida, el ejemplo cumbre de oración
que hace reventar los cielos sobre la tierra!
La sequía arrodilla a un pueblo. Representa la substracción
de la bendición de Dios, la esterilidad del
desagrado de Dios.
Está diseñada para producir sed...
una sed que se vuelve a Dios para ser mitigada.
Elías estaba dispuesto a encadenar su propia vida al sufrimiento
con tal de que el pueblo se arrepintiera y se volviera a Dios.
Su misión era la derrota de Satanás,
aquel que había destruido la adoración a Dios
a través de Jezabel y Acab.
Así pues, sus plegarias estaban en armonía con la voluntad
y el imperio celeste.
La vida de Elías fue vivida en la montaña junto a Dios.
La montaña, una vida secreta más alta que ninguna otra,
donde aquel/aquella vive en la presencia de Dios
en tal intimidad y por tan largos periodos que
él/ella conoce los pensamientos de Dios y
los trae a la tierra de un modo visible.
“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”
En los Últimos Días, la oración de Elías regresará. Dios moldeará en secreto las vidas de muchos individuos hasta que posean Su rectitud. Les dotará de celo por la oración y por el conocimiento de Su voluntad.
Detestarán al mal sin temor y lo atacarán sobre sus rodillas.
Se enfrentarán a aquellos en maldad con una bravía similar a la
de Jesús, con confianza y embestida.
Gobernarán naciones –conmoverán el reino del infierno– y
traerán el reino de Dios en las últimas sacudidas de la tierra.
¡Vosotros! ¡Regocijaos! ¡Elías está aquí!
La Misión de Elías
Parece como si el objetivo básico, el propósito fundamental de toda la vida de Elías, fuera la derrota de Jezabel. Y cuando
se cumplió en forma de promesa
(aunque Jezabel no hubiera muerto),
Elías subió en un “rapto”.
En el tiempo final, al prototipo de persona que Dios unja
para ser como Elías
le será asignada la derrota de Jezabel
en preparación de la iglesia para el rapto.
“Elías” simboliza una unción de Dios,
pues Él imparte un aspecto de Su naturaleza
a la persona que escoge para este cometido.
La presencia de Dios respaldando a Juan el Bautista suponía una semejanza con Elías porque era la manifestación misma de Dios.
El atuendo de Juan, su habitar en el desierto,
su fogosidad y arrojo... estas cosas actuaban igual que en Elías.
Y Jesús le llamó Elías.
Dios, que odia a Jezabel, envía Su Espíritu de bravura y de guerra unidas a una poderosa autoridad que viene a descansar sobre aquellos asignados para derrotar al modelo que representa Jezabel.
La batalla de Juan con Herodías era una lucha contra
la presencia maligna de Jezabel en la mujer
que sedujo a su cuñado,
porque él era rey y de este modo ella sería reina.
Cuando Cristo nació en este mundo,
Jezabel fue enviada por el amo del infierno para
frustrar Su misión.
Jezabel es el engaño más perverso
que el enemigo utiliza contra la ‘Iglesia’...
los creyentes verdaderos.
Jezabel reaparece con vigor y potencia
en los Últimos Días
¡porque Él viene!
Hora es de que Elías y Juan el Bautista
lleguen a escena una vez más para presentar batalla
contra el proyecto de Satanás cuyo nombre es Jezabel.
Cuando el regreso de Cristo sea inminente, Dios enviará la
unción de Elías para propiciar
la derrota de Jezabel en preparación de la Iglesia
para la Segunda Venida del Señor Jesús.
Los creyentes deben ser liberados de este dominio satánico,
y ‘Elías’ es enviado con ese propósito.
Jezabel es un principado
con una autoridad mayor que la de un mero demonio.
Es una potestad maligna bajo los cielos .
Jezabel representa la presencia enmascarada de Satanás
tras una persona religiosa y poderosa.
Detrás de este ser humano existe
una potencia demoníaca que dominará a cualquier persona
que ofrezca invitación a este mal...
incluso a un cristiano.
Jezabel busca un lugar dentro de la iglesia.
La advertencia de Apocalipsis 2:20 es para el creyente,
no para aquel que no es salvo.
La persona que se rinde a los caminos de Jezabel
(a través de una falta del carácter, ensalzándose a sí mismo)
invita la presencia de ese maligno depredador.
La prueba de su presencia:
religión,
mujeres que gobiernan pero nunca sirven,
debilidades de los hombres,
inmoralidad sexual desenfrenada,
homosexualidad,
pornografía,
incesto,
impotencia,
y una Iglesia carente de poder.
Jezabel está aquí.
La cañada de Querit
No puedes combatir
al Adversario Antiguo
hasta saber que tu
Comandante gobierna
Cuervos y Soberanía
1 Reyes 17
El mal reinaba en Israel y el horror de ese régimen
no puede siquiera llegar a imaginarse.
Los profetas estaban siendo masacrados... sin excepciones.
Sólo los que habían sido escondidos por bandidos criminales pudieron sobrevivir al filo de la espada del celo de Jezabel
hacia su ídolo.
La sangre fluía y nadie era ajeno a su derramamiento.
Ni siquiera los siervos de Acab.
1ª Reyes 18:13
Dios preparó el escondite seguro de
Elías en el arroyo de Querit.
“Apártate de aquí... escóndete en la cañada de Querit...”
Versículo 2
Allá, en una preciosa simbología,
el Padre de Isaac inició la disciplina de aquel hombre.
Antes de atreverte a mirar al rostro de la tiranía,
antes de que puedas derrotar a Satanás encarándote sin temor
has de saber quién es Dios...
y hasta qué punto Él ES Dios.
Lo primero a saber acerca de este Padre omnisciente es que
se cuidará de las necesidades prácticas.
Sabe que somos niños asustados y polvo de la tierra.
Nada quedó al margen de Su tierna provisión
con un siervo tembloroso.
Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos
que te den allí de comer.
Versículo 4
Cuando sirves a Dios, Él vela para que seas sustentado
con íntegra provisión ante la
hambruna de cuantos te rodean.
El agua, símbolo del Espíritu, la más
básica, fundamental,
espiritual y física necesidad de la humanidad.
Agua de un arroyo... el manar constante del Espíritu de Dios,
que entra y te refresca.
Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana,
y pan y carne por la tarde.
Versículo 6
El pan habla de la presencia de Dios como
alimento principal de la vida... una existencia elemental.
La carne es el símbolo de las verdades sólidas de Dios,
sólo digeribles por los maduros...
Una y otra vez,
meditando verdades en apariencia poco creíbles,
Elías fue enviado a un manso encierro, con el fin de “mascar”
una sorprendente revelación de Dios:
¡Él da órdenes a los cuervos!
“Yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer”.
Versículo 4
Los cuervos son un símbolo bíblico de maldad.
Son carroñeros, llamados impuros, y el santo Israel
tenía prohibido comer clase ALGUNA de ellos. Deut. 14:14
Sin embargo, ¡aquí los cuervos fueron usados por Dios para
sustentar la propia vida de Su siervo escogido!
Cuando el mal apisona como una marea toda la tierra,
el mal parece tener todo bajo control... aun a Dios.
Aquí, en una vida arrinconada en lo secreto, Dios alimentaba a
Elías con el Santo Espíritu de Su presencia.
Y la carne era la firme verdad
de la soberanía absoluta de Dios.
Elías tendría que digerir esa Realidad como comida
para poder disipar su temor.
Elías tuvo que aprender
que Dios podía conquistar al ‘cuervo-del-mal’ por la preeminencia de su mando.
Habría de transformar la corrupción misma en un
milagro que supuso la supervivencia de Elías.
De ese Dios pocos saben.
Pugnar contra el mal y creer en el poder de su mentira
es ignorar que Dios gobierna a los cuervos.
Incluso son Sus mensajeros...
a la postre siervos de la potestad de Su propósito
Pocos son los profetas que conocen a semejante Soberano.
Señor invicto del universo, frustrado por nadie.
Ser un Elías requiere una revelación de Dios como la que él conoció a través del pico de cuervos negros e inmundos.
Territorio Enemigo
Los muros del mal
se empiezan a desmoronar
al retirar una sola piedra
Hombres y Padres
En el tiempo del fin, al tipo de persona que Dios unja para ser como Elías le será asignada la derrota de Jezabel como preparativo de la iglesia para el rapto. El resultado será que los padres tendrán una vez más
un corazón hacia sus hijos.
Jezabel convierte a los hombres en Acabs...
hombres débiles, sumisos bajo su control.
Los hombres pierden su lucha, su fogosidad emocional
y bravía virilidad.
Entran a hurtadillas la pereza y el exceso de sueño.
Una pasividad carente de energía y fervor toman posesión
del hombre atrapado bajo el control de Jezabel.
Asimismo hizo a hombres eunucos,
incapaces pues de tener hijos.
Cuando Jezabel, en calidad de principado de Satanás, es derrotada, la masculinidad de los hombres es restaurada y dejan de ser cautivos; ya no son debilitados por el enemigo de su naturaleza. Los hombres son liberados para poder tener hijos (espirituales y naturales) y para cuidar
y compadecerse de ellos.
Jezabel ha sido denominada esposa de Satanás.
Como tal, arremete contra
la Desposada de Cristo.
Jezabel es la confusión de géneros.
Era una reina que usurpó la función del rey.
Jezabel hace mujeres masculinas y hombres femeninos.
La homosexualidad desenfrenada no es
meramente un problema psicológico,
ni tampoco se reduce sólo a pecado.
Es la evidencia del dominio de Jezabel,
y es difícil evacuar esos problemas
hasta que el hombre fuerte sea nombrado: Jezabel.
Jezabel detesta de un modo especial la hombría.
La masculinidad de Jesús se expresa
en el oficio profético.
Esta manifestación de Jesús, el Gran Profeta,
se exhibía en Elías.
La bravura de Jesús y el severo patrón de Dios
que era Su celo... este poder de la masculinidad
es el que ella trata de neutralizar con el fin
de que la vitalidad de Dios en Su Iglesia se diluya
en anodina debilidad.
El espíritu profético de Elías puede habitar en una mujer
valerosa al igual que en un hombre, del mismo modo que el
espíritu de Jezabel opera a través de hombre o mujer.
El nivel de ardor de una persona profética
es muestra del espíritu de Elías.
Esta osadía moraba en Juan el Bautista cuando
confrontaba a los Fariseos que le examinaban,
incluso a Herodes el rey.
Esta cualidad propia de la presencia ardiente de Dios estaba en
Jesús cuando esparció por los suelos las
mesas de los cambistas en el templo.
Aborrecer el mal a la par de una voluntad
de asaltarle con el método más atrevido.
Un denuedo ausente hoy en muchos líderes...
líderes que no pelean ni confrontan
y que justifican la cobardía como “cristiana” bondad.
Esta valentía, este espíritu audaz (en ambos, mujeres y
hombres), es algo que Jezabel busca aniquilar.
El espíritu de Jezabel no puede contrarrestarse
sin un ímpetu mayor que el suyo.
La teatralidad de Jezabel se plasma en su ostentosa jactancia
de las espantosas consecuencias para Elías.
Satanás siempre está amenazando para
someter a la persona por medio del temor,
y en base a ese temor... conseguir que abandone la lucha.
El temor es el arma de Jezabel y proviene
de sus amenazas de muerte.
La amenaza no es cuestión baladí, pues Jezabel administró personalmente el asesinato de cuanto profeta de Dios hallaba.
Abdías escondió a 100 profetas de Dios en cuevas y ahí les alimentó. Se dice de Abdías que “tenía gran temor del Señor”.
Abdías se mecía entre dos temores:
el temor a Jezabel y el temor a Dios.
Se requiere grande temor de Dios para lograr oponerse
al terror de Satanás por medio de Jezabel.
Sólo un temor de la misma magnitud hacia Dios traerá la
obediencia y el valor que entraña derrotar a este mal.
El miedo es lo que destruye la masculinidad y
hace que el hombre se acobarde hasta la pérdida de
su empuje y dominio que conforman
la naturaleza combativa de su naturaleza.
El miedo es lo que hace que una mujer,
en su vulnerabilidad femenina, abrace y accione
la medida de control que invita al espíritu de Jezabel.
Jezabel conjura un temor que sobrepasa
el abatimiento natural de la vida.
El temor Jezabelino de Satanás merma y debilita.
Lo que Elías experimentó bajo el enebro
no era el temor normal que conoce todo ser humano.
No era una cobardía repentina la que surgió de él.
Había obtenido una grandiosa victoria por el milagro de un
incendio que él no provocó.
Su temor era irracional, un asalto de las fuerzas del mal;
un horror martirizante del propio infierno.
Desespero suicida y ausencia de esperanza son
la experiencia de los temores satánicos.
Las personas que son controladas a través de su pecado por el espíritu de Jezabel,
son aquellos que abrigan gran cólera y amargura
con la falsa ilusión de que su enojo está
justificado y es legítimo.
Satanás cabalga sobre esta ira y aviva su llama con
susurros de venganza y derechos pisoteados,
y después utiliza ese mismo fuego para aterrorizar.
La falta de perdón es la raíz de la que brota Jezabel.
Una cólera intimidatoria,
el fruto de su amargura.
El temor es la trampa que silencia y controla a las personas.
Y el temor es la réplica de Jezabel que propicia un Acab.
La Viuda y el Muchacho
Dios instruye a sus conquistadores en pequeñas batallas
con victorias simbólicas que retienen todos los
elementos de la guerra mayor.
David peleó contra el león y el oso como entrenamiento
para enfrentarse al propio Goliath.
Moisés cuidó de un rebaño de estúpidas ovejas durante 40 años
y entre animales errantes
aprendió una paciencia inagotable.
¡Y después! Después estaba preparado para guiar a cinco
millones, habiendo sido enseñado con unos pocos.
Dios te pondrá en apuros pero nunca te dejará
sin un precedente...
Su integridad es demasiado grande como para asignarte
un trabajo que no tengas la más mínima idea de realizar.
A Elías se le encomendó la derrota de Jezabel y
fue entrenado con una viuda y su hijo.
Cuando confrontas el pecado de una nación
empiezas sólo por uno de ellos.
En ese uno... o dos... obtienes el prototipo
que desvela todo el panorama... y la solución.
Cuando rompes las cadenas de uno de ellos,
has empezado a sacudir los muros del mal y
el desmoronamiento de su poder ha comenzado.
Elías habría de aprender allá en Sarepta los caminos de su enemigo, las cuestiones pecaminosas
que hacen que Jezabel gobierne una vida.
Y la muerte a uno mismo que conlleva poder salir de ello.
Sarepta era una ciudad en la región de Sidón, el lugar donde el padre de Jezabel era rey. Era su hogar y el centro de adoración de su dios pagano, Baal.
Elías se infiltró en aquella fortaleza construida contra el Dios Altísimo con el fin de conmover este espúreo imperio...
desde adentro.
Elías rescataría a dos pobres y oscuras víctimas:
la viuda y el muchacho.
Para conquistar el mal, aquel que tenga el porte de Elías
se introduce en la propia vida de la víctima y desde esa
visión interna conquista a la “tirana Jezabel”.
Tal valor tiene para el corazón de Dios
el que está en prisiones,
que Él envía a Su Profeta Escogido
a la propia guarida del enemigo
para allí vivir, servir y luchar
hasta asegurar la libertad.
Elías conquistó el predominio de la viuda
y la muerte del muchacho.
Las raíces del espíritu de Jezabel.
Los pecados del hombre y los pecados de la mujer
aquí expuestos en una pequeña casita.
La viuda representa a la “mujer sin hombre”.
La misión de Jezabel es la destrucción del varón.
Dios es varón. El Salvador es varón.
La masculinidad llegó antes a la creación. Lidera.
La feminidad no es anulada; Dios tiene su propio carácter manso. Pero sin ambos, varón y hembra, no hay vida.
Jezabel, máscara de Satanás, desea el fin de la firmeza del
varón para implantar el caos; una absoluta vorágine
a través de la cual el enemigo pueda asumir el control.
Así pues en Sidón los varones habían desaparecido.
La ‘mujer-sin-hombre’ está desahuciada. Es estéril y famélica.
Igual acontece al ‘hombre-sin-bravura’.
La viuda se asió a su último pedazo de alimento,
un poco de harina, una medida de aceite.
Y el profeta lo pidió como ofrenda.
La mujer en Jezabel está tentada a “poseer” para poder controlar. Elías tocó la esencia de la ambición de Jezabel.
Y la viuda se rindió.
El profeta presentó una elección –que provenía de Dios–
y que era vida o muerte.
Ríndete y vive... o aférrate y muere.
Entregar el control... ese es el desafío de Dios.
Poseer supone perder Su provisión.
Renunciar –con el riesgo terrible que ello implica– implica
festejar durante la hambruna de aquellos que se aferran.
Jezabel es el espíritu del hurto y del asesinato, la esencia de la naturaleza de Satanás, encarnada en una vasija humana que
comparta su ambición de poder.
Jezabel obtuvo la posición que correspondía a su marido, la
viña de Nabot y los profetas de Dios, y todo cuanto poseyó
fue muerto por su mano. Ese es el espíritu de Jezabel.
La viuda que vivía bajo el dominio de la adoración de su nación a Baal estuvo tentada a solventar su vida a través de la avaricia de Jezabel.
Elías le mostró que había una opción,
un camino diferente.
Lo que una mujer renuncia a favor de Dios le es
devuelto multiplicado.
La fuerza de una mujer estriba en su vulnerabilidad femenina,
la cual Dios se deleita en cubrir.
La ‘mujer-sin-hombre’ puede hacer de sus hijos maridos en
miniatura, despojándoles de su áureo ardor
y esclavizándoles bajo los temores femeninos...
Estos “muchachos” jamás escapan de las prisiones internas
en las que las mujeres dominantes les han encerrado,
y allí perecen... poco a poco.
Las esposas pueden hacer de su marido un muchacho,
tomando el papel de “madre” en vez de “esposa”.
El muchacho de la viuda empieza a morir.
La Reina Valera, dice así,
“La enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento.”
Las mujeres temerosas, desengañadas de los hombres,
normalmente poseen a sus hijos y los dominan hasta tal
punto que su entrada a la madurez masculina es bloqueada
mientras son todavía muchachos,
su naturaleza innata de lucha y arrojo es violada...
Este es el espíritu de Acab,
el debilitamiento de los hombres hasta la muerte
de su propia hombría.
Los ‘muchachos-Acab’ bajo las ‘viudas-Jezabel’ sufren una
muerte lenta y asfixiante.
La muerte de la individualidad
y por ende la muerte del vigor,
y peor aun, la muerte de su especie,
la ferocidad masculina
que Dios creó y que la sociedad necesita.
Cuando Jezabel gobierna, mata lo masculino...
Su ambición no es ser reina sino rey,
poseer el privilegio y el poder que pertenecen a los hombres.
Su rival no es otra mujer sino otro hombre.
Cuando una mujer asume un dominio feroz da la bienvenida
al mal de Jezabel.
Tu espíritu es espíritu, pero tu alma tiene género.
La mente, voluntad y emociones actúan
en función del género.
El matrimonio no existirá en los cielos, ni los pastores,
profetas, relaciones familiares...
pero el género permanece para siempre.
Cuando la mujer se entrega al temor y a la codicia,
invita a los caminos de Jezabel.
Consume la vida del muchacho... el “muchacho” es la
masculinidad innata, la identidad natural del varón.
Y viene a dormir paralizado por la pérdida de
su potente vida.
La viuda tiene cierto sentido de culpa, cierta idea del daño,
como todas las mujeres que matan hombres.
“¿Qué te he hecho yo a ti, oh profeta de Dios?
¿Has venido a mí para traerme al recuerdo mis transgresiones y para quitarle la vida a mi hijo?
1 Reyes 17:18
Una vez más la solución a su problema es abdicar.
Elías dijo, “Dame acá tu hijo.”
Era “su hijo”, su propiedad para uso personal.
Una posesión que asfixia al hombre en el muchacho.
La mujer debe renunciar a su dominio sobre un hombre,
pero el hombre también debe recuperar su alma masculina.
La naturaleza divina de Elías llega para cumplir esa misión.
Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó
al aposento donde él estaba,
y lo puso sobre su cama.
1 Reyes 17:19
Después este viril profeta – inflamados el ímpetu y la valentía
de la masculinindad a causa de su conocimiento de Dios–
empezó a orar.
Entonces se tendió sobre el muchacho
tres veces y clamó al Señor...
y el aliento de vida volvió a entrar en el muchacho.”
1 Reyes 17:21,22
Oración intensa, fiero empeño,
compromiso personal... ¡estos son
los poderes celestiales de la unción de Elías
para levantar la fortaleza masculina
de la tumba aniquiladora de Jezabel!
Tres es el número de la consumación...
Elías no se marcharía hasta que la vida regresara,
por muy alto que fuera el coste de
sacrificio personal.
Sólo la vida cuenta. Sólo la resurrección.
Elías es el espíritu de la intercesión.
Oración apasionada y ferviente.
La propia energía del Espíritu Santo que anhela
el reinado del propósito de Dios.
Abdicar ante Dios y la resurrección por medio de la oración...
estas son las armas que Elías descubrió en Sarepta para derrotar
al plan ‘Jezabel-Acab’ del Diabólico Enemigo de Dios.
Elías había servido en la etapa de los “pequeños comienzos”.
Había sido fiel en obedecer
y ocuparse del Único.
Elías estaba ya preparado para enfrentar la gran batalla...
Tolerando a Jezabel
“Pero tengo unas pocas cosas contra ti:
que toleras a esa mujer Jezabel,
que se dice profetisa.”
Apocalipsis 2:20,22
Jezabel es el nombre satánico
del mal de los Últimos Días.
Ella debe ser vencida por cada creyente.
Si se la tolera se activa la oposición de Dios y, lo que es aún peor, Su incisivo juicio bajo un sufrimiento palpable.
“Tolerar” es fracasar en no objetar ante algo
que se opone a tus valores.
Es una debilidad del carácter que te hace
cómplice del mal cuando todo lo que tenías que hacer era
mantenerte al margen de la senda de
la cólera de Jezabel.
Tolerarla significa convertirse en un Acab,
fracasar en enfrentarse a ella y a
su temible poder, y obligarle a bajar los ojos.
Sólo déjala estar –que haga las cosas a su manera–
y serás escarmentado con una agonía literal de
enfermedad y aflicción.
“He aquí, yo la arrojo en cama,
y en gran tribulación a los que con ella adulteran...”
Apocalipsis 2:22
Cada creyente se las verá con Jezabel.
El plan Jezabelino de Satanás te recluye
en una esquina
en muda conformidad con lo infame.
Jezabel viene en forma de padre, madre, hermana,
hermano –cónyuge– incluso un amigo cristiano.
Te topas con Jezabel. No con carne ni con sangre,
sino con un principado y una potencia cuya
meta es asfixiar tu “no”
y robarte a tu Dios.
Cuando ya no puedas objetar ante lo que te oprime,
cuando tu “no” es silenciado e
incluso tu corazón acepta la pérdida de tu voluntad,
entonces has entregado a Jezabel la potestad sobre ti
y vendrá a ser un imperio de terror que se sostiene
sobre un temor premeditado.
Condescender con Jezabel supone dormir con el Enemigo
y abandonar la sombra de tu Pastor.
Para hacerte volver,
Él te despertará con la vara de Su Pura Enmienda
y te mostrará que se le debe temer a Él más
que a la Déspota.
O bien te cortejará con lazos de amor y te demostrará
que a causa de Él merece la pena luchar por la libertad.
Y para sobrevivir, habrás de recuperar tu “no”
y pregonarlo a tu propio oído.
Al final no es Jezabel a quien debes vencer,
sino al temblor encubierto de tu propio corazón
ante el rostro de su cólera.
Cuando se permite a Jezabel que te acose,
todo se halla bajo la mano de
Aquel de Ojos Refulgentes
que desea destruir
tu pusilánime cobardía.
Vendidos a Jezabel
Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío?
El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido
a hacer lo malo delante de Jehová.
1 Reyes 21:20
Hay que decir llanamente que no hubo ni uno como Acab, que se vendió [por entero] para hacer lo malo a los ojos del SEÑOR, al haber sido seducido por Jezabel su mujer.
1ª Reyes 21:25
Donde esté “Jezabel” siempre está “Acab”.
Ha de ser así para que Jezabel pueda dominar.
Sólo Acab hace posible que ella gobierne
por la ausencia de su “no”.
En un determinado sentido todos somos Acab para Jezabel.
Condescender con lo malo y comprometer la integridad
son las debilidades que invitan al espíritu de Acab que
se doblega ante el principado de Jezabel.
Los Acab no venden sus almas a Satanás... “Acab se vendió
por entero”. Todo su ser, alma y cuerpo, mente y voluntad,
entregados a Jezabel mediante un acto deliberado
del que Dios le hizo absolutamente responsable.
Recuerda, Jezabel versa sobre posesión...
tierras y reinos, pero almas también.
Sobre todo almas... de mujeres y hombres...
Y media un contrato tácito:
“Te entrego a ti (Satanás) mi ‘yo’ y
tú me das a mí algo que anhelo más allá de
mi propia existencia.”
Es un trato estipulado con el infierno y
allí te habrá de llevar.
La persona en la debilidad de Acab asume
que si él/ella deposita la responsabilidad de la vida
sobre otro, la carga ya no existe y
puede dar su consecuente respuesta a Dios: ‘no es culpa mía’.
Pero Dios te hace responsable de lo que
consientes que te domine.
No hay forma de escapar de la responsabilidad ante el Padre
que te dio el precioso don de la responsabilidad.
Los temerosos y los haraganes odian la responsabilidad
y se engañan a sí mismos pretendiendo evadirla.
Adán y Eva tenían encomendadas tareas antes de la caída.
La responsabilidad es un privilegio y la aventura de madurar.
Pero los débiles y los temerosos invitarán al espíritu condescendiente de Acab y entregarán el gobierno a Jezabel...
para librarse de las obligaciones.
Acab deseaba la viña de Nabot, que según el relato era un
fecundo trozo de tierra que la familia de aquel hombre
había cultivado durante generaciones. Acab no acometería
el trabajo de edificar un tesoro semejante. Él quería el florido jardín del prójimo sin tener que usar la azada. (21:3)
Exigió el fruto del trabajo de otro.
Este es el espíritu de Acab.
Sin desear pagar el precio que Nabot había pagado,
Acab se echó en su perezoso catre con una
depresión de auto compasión. (21:4)
Cuando la codicia se encuentra con la pereza, Satanás está allí
bajo la forma de alguien con el mal de Jezabel que promete
llevar tu carga para que tú no tengas que hacerlo,
supliendo tus deseos y sirviéndote.
Y lo hará con una insólita
ausencia de integridad.
El intenso temor de Acab propició su debilidad.
El fruto de ese temor: el pánico ante la responsabilidad
y una aversión hacia las obligaciones.
Es más fácil que los laboriosos lleven las riendas.
O al menos eso parece...
¡Pero pagarás un alto precio!
Ese objetivo de la codicia
que abraza la pereza
te costará tu propia vida.
Todo esto se plasma en un contrato con Satanás
incondicional y que obliga a ambas partes, que sólo puede
anularse arrepintiéndose de la rebelión
con un espíritu contrito.
Acab podía acusar a Jezabel de obtener lo que quería...
podía ser inocente de asesinato.
Pero el profeta hizo venir la mente de Dios y
responsabilizó a Acab de
permitir que Jezabel le sedujera.
Acab perdió su trono, su favor para con Dios, su lugar en
la Historia Divina y por último su vida.
Vivió en cobardía y murió del mismo modo,
parapetado aún tras un disfraz, (22:30)
rehusando ser el rey que Dios le había hecho.
Fue sentenciado a morir en semejanza a Jezabel,
devorado por perros de una forma dantesca. (22:38)
Nuestra voluntad está intacta y no puede ser encadenada.
La opción sagrada tan sólo puede entregarse, nunca retenerse,
y cuando se retiene deliberadamente
te has vendido para hacer el mal.
El mal que había permitido hacer a Jezabel se le imputó
personalmente. Al final no escapó de ninguna responsabilidad.
Dios no acepta excusas, aunque nosotros lo hagamos.
La tarea, encomendada por el Todopoderoso en Su
Conocimiento Soberano de lo que Él creó en nosotros,
sitúa a cada persona en un arduo campo de batalla.
Por diseño estamos preparados y
equipados para su cumplimiento;
mediante la necesidad de Él se entiende el cometido
y mediante Su poder se lleva a cabo.
Todo esto quiere hacer Él con una voluntariedad inagotable.
Nos equipa con una necesidad, profunda y voraz,
pero sin la fuerza para emanciparnos.
Está dispuesto a llevar nuestra carga
con tal de que nosotros arrimemos el hombro en primer lugar...
Puesto que todo nos es provisto, no se aceptan las excusas y
no se tolera deponer la culpa en otro.
“... cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”
Romanos 14:12
Dios considera el mal de la debilidad análogo al
mal de la tiranía y establece las mismas
consecuencias para ambos.
Si por no combatirla
respaldas la tiranía,
¡tú eres el tirano!
La enseñanza de Jezabel
“...que se dice profetisa [dice estar inspirada], y
que enseña y seduce a mis siervos
a cometer depravación sexual
y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.”
Apocalipsis 2:20
Jezabel se designa a sí misma, y ocupa una posición espiritual
encumbrada no determinada por el cielo.
Reclamando representar ese lugar
del que ha sido expulsada y rechazada,
alega hablar por boca de Dios... ¡como si fuera Dios!
No pienses que Jezabel vive solamente en la depravación.
La culminación del espíritu de Jezabel es un celo religioso,
impulsado por la insana ambición de ser religiosamente
superior al resto, sobre todo si son genuinos.
Es una religiosidad que conjura a su alrededor con boato.
Una bondad fingida. Sólo palabras. Carente de realidad.
Ardía en deseos de crear muchos profetas para
el ídolo de su elección.
Saboreaba dar caza y muerte
a los verdaderos portavoces de Dios.
Jezabel es el principado de la Falsa Religión
que usa a Dios al tiempo que le odia.
Adquiere cosas espirituales para fomento propio,
crea mentiras místicas y simula la adoración.
Se hace pasar por creyente e incluso nombra a Dios.
Pero no se refiere al Padre Celestial, al Creador.
Sirve a otro ser espiritual, un Monstruo Invisible
que es su Opaco Maestro.
Jezabel era la entidad que respaldaba a los Fariseos
que desagradaban a Jesús.
No vaciló en nombrar al poder
que se escondía tras su arrogancia.
“Sois de vuestro Padre el diablo.”
Jezabel es el “espíritu de la religión”, y
su método de proselitismo consiste en seducir.
Ella es atractiva.
Maestra de la persuasión, sofoca tus valores
y pautas hasta que consigue comprometerte con
las lascivias de una carne con las que te pone en grilletes.
Es la quintaesencia de la serpiente.
Con halagos aterciopelados,
engatusará y predicará en defensa de tu agrado.
Mella la afilada arista de tu integridad
con su fría piedra de incesante presión
Jezabel utiliza argumentos con la mente,
espíritus malignos para bombardear el alma
y seductora atracción para el ojo.
Estos son los credos de su religión:
Su dios es Baal, el dios sexual del desenfreno;
La veneración a “sentirse bien”
saciando cualesquier antojos de la mente.
Si unes lazos con ella,
te conducirá a ese templo de sórdida adoración
usando cualquier medio a su alcance.
Tras la obsesión sexual, los desórdenes alimenticios, y la drogadicción, acecha escondida esta reina de la carne, Jezabel.
Hasta que su reino sea destruido,
es difícil escapar de esas prisiones.
Allá donde la carne esté fuera de control –delirando de deseo–
hallarás al espíritu de Jezabel ejerciendo
un control clandestino.
La inmoralidad se mueve por muchas callejuelas de
compromiso aparte del sexo.
Y ella las usa todas sin ningún remordimiento.
Incriminar a otros. Codicia de poder. Ambición sin escrúpulos.
Asesinato. Mentira. Calumnias.
Puedes hallarlas fácilmente pues son sus métodos
y motivaciones a lo largo de todo el relato.
Su “enseñanza” te desmenuza de una forma tan retorcida
que no puedes probar su malicia.
Te deja atolondrado, confundido por su apabullante lógica
sin respuesta... sin un “culpable”.
A la postre, su acalorada perorata
te hace sentir al borde de la demencia.
El que vive bajo Jezabel nunca está equivocado y
no tiene que humillarse al extremo de una simple disculpa.
No hay manera de influir en ella... no puedes hacerla cambiar.
Nada la detendrá.
No puedes sobrevivir a una persona que vive bajo Jezabel poniendo a su disposición tu amistad.
Ella exige una intimidad que viola tu alma.
Tienes que huir para salvar la vida.
Si no puedes huir, al menos no permitas que tome tu mano.
Y sobre todo, no escuches a Jezabel.
Su así denominada “enseñanza” es una invitación al infierno.
Sólo el espíritu profético de Elías puede tratar con ella.
Habla y huye.
Confronta y acude presto a Dios.
Invoca al fuego y ora para que la lluvia descienda.
MONTE CARMELO
La religión falsa no tiene
poder ni fuego.
¡Pero la Divina Potencia
los hace y deshace a su antojo!
El Que Aflige a Israel
Pasados muchos días, vino palabra
de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo:
Ve, muéstrate a Acab,
y yo haré llover sobre la faz de la tierra. Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab.
1 Reyes 18:1,2
Elías salió de su escondite...
has de ocultar tu espíritu del que está bajo el control de Jezabel... y sólo hablar cuando viene a ti la Palabra del Señor.
Se necesita tiempo a solas con Dios –mucho tiempo–
para desentrañar la fuerza de Jezabel,
para ser libre de las nubes demoníacas de confusión.
Para oír.
Elías esperó tres años para obtener esa sencilla Palabra.
No habría de mover un dedo sin ella.
Mientras Elías buscaba a Dios, Acab le buscaba a él.
Entiende que el espíritu de ‘Jezabel-Acab’
acecha al profeta como un perro; siempre anda buscando al profeta con el homicidio en mente.
La lluvia simboliza la bendición de Dios en un lugar
y el emblema de Su presencia.
Él deseaba finalizar el juicio y enviar lluvia, pero no hasta
que la adoración satánica a la carne fuera destruida.
Elías no acudió directamente ante Jezabel o Acab
para empezar a destruir su reino.
Fue tras los falsos dioses que la gobernaban...
el poder espiritual que se yergue tras el poder humano.
Dios dispone su orden en el universo con un Gobierno Divino.
La humanidad tiene sus propios oficiales...
la humanidad asume el control escogiéndose a sí misma,
¡pero Dios tiene Sus propios gobernantes en las naciones!
Y su autoridad es mayor que la de cualquier déspota fantoche.
Cuando Elías abandonó el lugar secreto acompañándole
la presencia de Dios,
Acab preguntó, “¿Eres tú el que turbas a los de Israel?”
(1 Reyes 18:17)
Acab era rey, dirigía ejércitos y verdugos.
Pero Elías era puro acero, inmune al control humano ordinario.
No podía ser hallado.
No podía ser muerto.
Acab era el verdadero problema de la nación de Dios...
y Elías estorbaba la meta de Acab infundida por Jezabel:
la destrucción total de la adoración a Dios.
Ese era el verdadero problema,
y Elías fue enviado para librar a Israel del problema.
Cuando estorbas al rey de tu país, tu autoridad
es mayor que la del rey.
Dios Todopoderoso puede sustituir a cualquier monarca
por Su propio reino y
Su pueblo –designado por Él– ha de gobernar a otros.
La dispensación de Dios de un profeta para un tiempo y lugar
determinados es algo inconmovible... intocable.
La esfera de la humanidad está gobernada por el caos y el accidente, pero la Esfera Divina –el Reino de los Cielos–
tiene su propio orden absoluto.
El orden de ese Reino,
la esfera invisible, extiende su gobierno a la tierra
cuando Dios es capaz de afianzar una vasija
que esté dispuesta a llevar Su manto de liderazgo.
El Cielo tiene el mando...
si una sola persona permite que el cielo gobierne sobre ella.
El Reino de los Cielos es un área
bajo un orden total y pacífico
por la Absoluta Autoridad de nuestro Rey Eterno.
La administración de la autoridad de Dios
sólo invade la tierra...
cuando reposa en una vasija humana.
La guerra contra el mal es sólo cuestión de autoridad,
no mero forcejeo.
El mal sólo se pliega ante la autoridad... y ante nada más.
La humanidad debe escoger postrarse.
El libre albedrío es su don.
Pero las fuerzas de las tinieblas tienen que rendirse
cuando la autoridad que proviene de Dios entra
en acción.
Elías tenía la autoridad de una Comisión Divina
con que poder desafiar a los profetas viles de Baal
a un duelo de fuego.
Elías no se encaró a Jezabel, ni luchó contra Acab.
Era profeta, y sólo un profeta puede derrotar a otro profeta.
Se necesita un rey para derrotar a un rey. Fue misión del Rey Jehú destronar por fin a Jezabel. Elías no intentó deponerla.
La victoria es un asunto de autoridad... sólo la autoridad vence.
Elías, como hombre de absoluta obediencia,
conocía los límites de su cometido
y no los abandonó.
Esta es la unción de Elías.
Juan el Bautista también la tenía,
él mismo declaraba ser tan sólo... la Voz.
Nada más.
Por tanto Elías se hizo cargo de los profetas de Baal y los destruyó.
Tenía una autorización ungida por Dios para ello.
Socavó el poder de la reina destruyendo sus ídolos.
El poder que respaldaba al poder.
Pudo burlarse del dios Baal porque
conocía a su propio Conquistador.
Elías sabía quién era verdaderamente Dios
al permitir que el Único y Verdadero fuera Dios... sobre él.
La rebelión no tiene poder sobre la rebelión.
La rendición de Elías le fortaleció con el poder de una
Comisión Divina acreditada en sus oraciones contestadas.
Un profeta solitario en pie ante 450
y ante cuanto ciudadano observara,
Elías era el hombre al mando
para orquestar el fuego de los cielos.
Pero cuanto hizo fue por precepto Divino,
específico y detallado...
hasta la última gota de agua.
Todo ello entregado como misión secreta en absoluta sumisión.
Yo soy tu siervo, y por mandato tuyo
he hecho todas estas cosas.
1 Reyes 18:36
Un hombre bajo autoridad conoce su esfera de poder.
La utiliza hasta el límite,
pero jamás cruza el umbral de su autoridad Celestial.
No ejerce –ni cree–
en la autoridad que procede de su propia arrogancia,
sino que sólo sirve en calidad de emisario de un Señorío Ajeno.
Escucha la poderosa oración de Elías.
No dio instrucciones a Dios ni exigió fuego alguno.
Oró por que Dios ejecutara Su promesa
con Su siervo dispuesto.
El poder de Elías no provenía del fuego. Ese poder era de Dios.
El poder personal de Elías residía en la oración basada en un
conocimiento personal de los deseos de Dios ganado a pulso.
Oró con fervor y ardor para que el Dios que amaba
fuese vindicado por Sus propias acciones...
Oh Señor... que hoy se sepa que
tú eres Dios en Israel.
Oraba con una persistencia que
no se detendría a medio camino,
Respóndeme, oh, Señor, respóndeme...
Elías conquistó la rebelión
con el poder de su obediencia secreta.
Sólo ejercía autoridad en el ruedo de la oración enardecida.
El poder de Dios en un profeta
reside en dos elementos, ambos invisibles...
Uno es la reverencia privada de una rendición absoluta
al Único Dios.
El otro es el conocimiento de Su voluntad y
el entendimiento de que allá donde te asigne Su voluntad
esa es la esfera de tu autoridad y victoria...
Imperio Absoluto en virtud de... rendición total...
Fuego del Cielo
1 Reyes 18
Elías fue enviado para derrotar a Jezabel, pero esa no fue su meta principal, tan sólo el pistoletazo de salida.
Su misión era adecentar la casa para
la llegada del Rey.
La verdadera misión de Elías era la restauración del
Dios Glorioso a Su propio lugar.
Y que Su pueblo escogido lo viera.
Oh Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel,
que hoy se sepa que tú eres Dios en Israel.
versículo 36 Psh. (Énfasis autor)
Centrarse en el mal es convertirse
en cosa semejante al mal que enfocas,
acabar como el mal que odias.
Siquiera peor.
El mal no ocupa el centro del universo.
La tiranía de Satanás es una ordenanza depravada
que actúa a día de hoy sin
base de legitimidad.
Satanás tiene que obtener su poder de tu fe en su poder.
Sin ello está indefenso y desvalido.
Satanás se burla para que riñas con él,
y en la lucha clavarte lanzas de incredulidad.
En la aguerrida confianza de la fe puedes abandonar el combate
y ser claro vencedor.
Los muchos profetas de Baal no pudieron levantar
una sola chispa de poder sobre su altar.
Un vivo retrato del verdadero nivel de indefensión de Satanás
ante aquel que conoce al Dios Genuino.
¡Elías ardía con lo Divino
buscando Su vindicación y exaltación!
Respóndeme, oh, Señor, respóndeme para
que todos los de este pueblo conozcan que tú eres el Señor
y que tú has hecho volver su descarriado corazón.
versículo 37 (Psh.)
El fuego de Dios abrasaba dentro de Elías y
su chispa prendió llamas enviadas desde los Cielos
tan potentes que hasta que las piedras fueron quemadas,
litros de agua fueron “lamidos”
y aún el suelo bajo el altar fue consumido.
El celo de Elías bramó de un lado a otro del Monte Carmelo
y su eco se perdió en una masiva matanza de los enemigos
de Dios en el Valle de Cisón.
Algunos de ellos, degollados por el propio Elías.
Esa enardeciente pasión –esa energía incomparable–
estaba motivada por un ferviente amor a Dios
más que por un odio intenso a Baal.
A causa de aquel intrépido ímpetu que acudió en defensa de Dios,
el mal fue inmolado.
Y el trono de Jezabel empezó a resquebrajarse.
El juicio de Dios fue derramado
por la oración inflamada de Elías.
Israel era libre del velo de la seducción del mal...
libre para reconocer el Rostro de Dios una vez más.
¡Y ese era su cometido!
El Aguacero
Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.
1 Reyes 18:41
Elías pudo oír los planes del cielo para la tierra.
Pudo escuchar una tromba de lluvia en medio de una sequía.
¡Oh, escuchar como Elías! ¡Escuchar el sonido de la realidad, del chaparrón misericoridioso de Dios
preparado para diluviar!
¡Ver la lluvia en el cielo antes de que toque las nubes!
Elías era hombre de oído penetrante,
sintonizado con precisión en
la frecuencia de Otra Esfera.
Elías estaba más tiempo escuchando que hablando.
La impronta de su vida consistía en vivir
dentro de la Gran Imaginación de Dios,
allá donde se concibe lo extraño y maravilloso.
Su oído se afinaba bajo las poderosas raíces del largo esperar
donde toda voz humana enmudecía, incluida la suya.
Oía la sequía y oía la lluvia...
juicio y bendición,
el rango completo de acción de Dios.
Su escucha no pendía de su propia agenda
ni se embotaba en aparentes visiones quiméricas.
Su oído había claudicado y carecía de opinión,
se había ajustado a la escucha de una Voz sita por encima de
la refriega, la cual articulaba la única verdad posible que
habita más allá del cielo presente.
Así pues, en la implacable sequía, en la sed de la desesperación,
Elías oyó, no sólo lluvia...
sino lluvia grande.
El Dios del Excedente de las Doce Cestas,
esperó en Su generosidad sin límites
que llegara la justicia en la derrota de Baal,
mientras agregaba las aguas que habrían de ser vertidas.
Y Elías escuchó las filtraciones.
Los Cielos están repletos de sonidos de gozo.
El clamor de la victoria,
la trompeta del juicio,
la canción del jubileo.
Y sobre todo,
la Gran Voz Creativa de Dios como
bramido de una inundación incipiente.
¿Quién puede oír los cielos?
¿Quién puede traer los sonidos de esa esfera remota
a este mundo estridente,
vacío de santa resonancia
y carente del silencio precioso?
Para escuchar el tañir de los Cielos...
es imprescindible la indiferencia de la unción de Elías
frente a la extorsión y la mentira,
la afinada destreza del oír
y una sordera deliberada ante el vacuo aleteo
del enemigo de Dios.
El sonido se adelanta a la presencia regia.
En algún lugar debe estar aquel que escucha
el Susurro Divino e invoca la presencia
de lo que brama en el Cielo.
Aún no había trueno. No había nube.
Pero en su oído del espíritu
estaba tan seguro del sonido de la lluvia
que Elías anunció su inminente llegada.
Dolores de Parto y Lluvias
Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe;
porque una lluvia grande se oye.
Elías, comandante del fuego y de reyes, ordenó a su enemigo
que comiera y bebiera. ¡Y éste obedeció!
Hazte una idea del trauma que supuso para Acab que sus profetas estuvieran esparcidos por el valle de Cisón, inmolados por súbditos de su propio reino... y además al mando de Elías, ese pendenciero.
¡Pero aún un rey enemigo habría de obedecer a tan temible hombre de Dios! “Por tanto Acab subió a comer y a beber.”
El vidente galaadita subió hasta la cumbre del Carmelo.
Allí se postró hasta el suelo.
Puso su rostro entre sus rodillas.
La montaña es siempre símbolo de un encuentro con Dios,
el lugar de la íntima oración.
Allá en lo alto y por encima del mundo,
en lo remoto y solitario: la oración.
Esto es oración.
La oración es dar a luz.
Cuando el secreto de Dios es concebido en
cita privada con Él,
y se escucha Su simiente vital,
y se nutre del tiempo hasta que sea certera
e inminente...
entonces ya no puede ocultarse más.
Tomando postura de parto,
Elías comenzó a tener sus dolores en busca de su visión.
Como en todo parto, al principio no había nada.
Las fatigas y esfuerzos no propiciaron lluvia alguna, poco más que una nube.
El siervo enviado a observar informó:
“ahí no hay nada.”
Pero Elías ahora
había sido tomado por exhalaciones del Espíritu para traer la voluntad de Dios a la tierra.
Cuando la oración es tan intensa, está
más allá de lo humano, en el
inextinguible deseo de Dios.
Él busca un siervo tan entregado a Su voluntad –a sus deseos–
que la oración pueda remontarse
al nivel del ardiente poder del Señor.
Y eso conlleva un tesón sobrehumano y efectivo.
No sólo era agua sobre campos resecos y ganado sediento.
La lluvia era el torrente purificador de la vida misma de Dios,
derramada por gracia sobre un pueblo
ensuciado por la vil adoración al dios del sexo.
Un pueblo que no se lo merecía, pero que lo necesitaba desesperadamente. Un pueblo que había preferido el cautiverio
a la libertad; un ídolo infame al Dios Real.
El Dios Todopoderoso suspiraba por Su pueblo
y por tanto invirtió largos años
de esmerado adiestramiento de una vida solitaria;
una vasija que pudiera sobrellevar... y soportar la
agonía de un Padre que había perdido a Sus hijos.
No era lluvia. Era una prueba fehaciente del amor de Dios,
de Su favor y de Su misercordia inmerecida.
Dios era nacido de nuevo para un pueblo.
Para que semejante diluvio aconteciera
la oración había de ser de profunda angustia.
Sin cortesías superficiales.
Aquel que dé a luz a la presencia misma de Dios
en un contexto de mísera idolatría
ha de estar dispuesto a orar para pasar
de la nada a la presencia viva.
Del cielo a la tierra.
Siete veces: el número de la perfección.
Hasta que llegue...
Al fin, un leve indicio:
...sube del mar una nubecita del tamaño de la palma de la mano de un hombre,
y de ese leve inicio,
a la tormenta de lluvia tempestuosa.
En estos Últimos Días,
Baal se yergue una vez más para apartar con engaños
a los hijos de su Padre Puro,
y llevarlos a un lazo de la carne –sórdido y ruin–
perdidos en una sinrazón de obsesión hacia el sexo y la comida.
Y el Buen Padre ansía con gemidos de agonía
a Sus ovejas atrapadas.
Buscará a aquel que esté en pie con Él en la montaña.
El Señor preparará con esmero a estos Elías de los Últimos
Días con secreta instrucción en poblados de
viudas y muchachos moribundos.
Y llenará a ese hombre o mujer
con un corazón de Elías henchido del celo Paternal de Dios.
Ese Elías Final llevará implacable la antorcha de
la verdadera identidad de un Dios Padre
a toda una generación de huérfanos y estériles,
y serán restaurados.
Y la oración tomará de nuevo posición de parto:
los dolores de Elías por la lluvia postrera
de la misericordiosa presencia de Dios que bañe y limpie
a Sus hijos errantes de los dioses inmundos de Jezabel.
Corriendo Junto a Dios
La mano del Señor estuvo sobre Elías;
y el profeta se ciñó sus lomos y
corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.
El palacio de Jezabel estaba en el valle de Jezreel.
Acab condujo su carro para encontrarse con ella cuando
empezó la lluvia, acatando las órdenes del enemigo.
Elías dijo a su siervo:
Ve, y di a Acab: Unce tu carro
y desciende, para que la lluvia no te ataje.
1 Reyes 18:44
Elías corrió al lado del carro de Acab,
¡a tal extemo potenciado por la energía de Dios que adelantó
a los caballos y llegó antes a Jezabel!
Los pies humanos enfrentados a la pezuña fugaz de muchos caballos. Y la carrera abarcaba muchos kilómetros
que sólo podía resistir la fuerza del caballo.
Esta carrera jamás ha sido ganada, ni antes ni después.
El “Celo del Señor de los Ejércitos” poseyó a Elías
por su fe en la superioridad celestial
ante el poder fradulento del infierno.
Esta carrera fue totalmente sobrenatural, y
un remanente de la victoria del Carmelo
sobre los agoreros de Baal.
La “energía” es uno de los objetivos principales de Jezabel.
Consumir, agotar y extinguir
la luz de la Chispa Interior de Dios.
Implantar debilidad: física, moral y espiritual.
Ese el método demoniaco de Jezabel para gobernar.
Pero el Vigor Divino de Dios en el ruedo de
Su ardiente confrontación contra el mal
era una fuerza imparable
y tomó a Elías como un Despertar Arrasador.
Si confrontas sin temor a Baal/Jezabel,
Dios entra a tu vida impetuosamente
con entusiasmo conquistador, un júbilo de victoria
que insufla energía a todo tu ser.
Este es el soplo vital de Dios –incluso Su recompensa–
entregado al creyente que desafía a Baal sin dudar.
El Desierto del Temor
El temor al mal es un erial vacío
alejado de la presencia de Dios,
pero cercano a Su Atento Amor
Huyendo de Jezabel
Si dejas de correr con Dios, correrás huyendo de Jezabel.
Y debes correr si Jezabel y tu vida se enfrentan.
Elías había tratado con Acab,
impartiendo consejos y dando órdenes.
Pero el espíritu cobarde de Acab es peligroso y
contagioso. Estar con Acab a cualquier nivel implica
ensuciarse con esa debilidad apocada
y contemplar cómo se despierta tu propia
inclinación a la pusilanimidad.
Tienes que confrontar el espíritu de Acab, un compañero de
milicia a la misma altura que el mal de Jezabel.
Sin simpatías. Sin amiguismos.
Sólo una oposición firme a ese transigente defecto.
Elías, profeta en la presencia de Dios y oyente experimentado
de Su corazón, cometió el fatal error
de escuchar a Jezabel.
Su amenaza de muerte entró a su mente y
entumeció el fuego de su corazón.
Viendo el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida.
1 Reyes 19:3
Desde Jezreel en el extremo norte de Israel hasta la punta
meridional de Judá... no paró de correr hasta Beerseba.
Un camino muy largo.
Pero aún continuó una jornada más adentrándose en el
desierto... a solas.
El temor es una experiencia desértica y te llevará
lejos, muy lejos de Dios.
El espíritu de Jezabel actúa por violentas arremetidas.
Por palabras depravadas –o por cruel silencio – ‘ella’ se jacta de su poder. Amagando golpes de terribles sufrimientos y deleitándose en futuras matanzas, el espíritu de Jezabel puede llegar a aterrorizar a las almas más fuertes.
El cepo de Jezabel es la intimidación. Sus amenazas son las más temibles que es capaz de conjurar, y siempre tienen el olor de la muerte de algo. A la postre, es la muerte consumada... la muerte espiritual.
‘Eso’ desea que te involucres en las “cosas profundas de Satanás”.
Que continuamente le consideres a él y oigas los secretos de un mal que pretende ser fascinante.
Pero el conocimiento profundo de Satanás está prohibido. (Ap 2:24)
Se convierte en un temor atormentador, una pesadilla literal
en la que voces bombardean la mente con destellos y la verdad de Dios es pervertida.
La cruel agresión de Jezabel encerraba un malévolo poder satánico que atacó a Elías y que al final le consumió.
Cada partícula de su ser,
–su poder espiritual, sus recursos físicos–
se consumieron en
una derrota en las tinieblas.
Su fuerza vital fue absorbida durante la pelea.
Aunque la victoria fue asombrosa,
aunque el triunfo resultó total,
acabó en un estado de fatiga desoladora
que le hizo vulnerable a la cólera del averno.
Y Elías, ante el fragor de su obscena amenaza,
ante el peso de su poder inexpugnable,
se agotó y sus rodillas enflaquecieron.
Enseguida se acostó y se durmió a pierna suelta,
debajo de la encina.
1 Reyes 19:5
Desfallecido de repente por extenuación,
por una anemia anómala
propia de la batalla de Jezabel,
Elías sucumbió al cansancio.
Cuando ‘Satanás en Jezabel’ lanza contra ti toda la fuerza
del rencor demoniaco, y deja su marca
en tu alma desconcertada y agotado cuerpo,
el mejor remedio
reside en la pragmática cura del descanso.
Es humano, es prefectamente comprensible...
si te has topado con Jezabel, has de resoplar
bajo la encina.
Y ojalá te dejes vencer por el sueño.
La Deseperación de Elías
Jezabel se erguía en su trono sanguinario.
El dramático fuego celestial no había conseguido
tocar un mechón de su cabeza.
La grandiosa victoria parecía trivial.
Sólo había servido para encolerizar aún más a la maligna soberana.
Jezabel había visto la demostración del verdadero poder de
Dios aplastando a su ídolo, pero
al no arrodillarse–ni siquiera en aquel momento– ante el
Verdadero Monarca, se atrincheró más que nunca
en su reino maligno.
Y Elías, en profunda desesperanza, prefería morir
antes que existir en la presencia de este
mal invencible.
Su victoria no había desanimado a la reina infame.
Su naturaleza asesina tan sólo se había avivado.
“¡No puedo vencer! Ni siquiera puedo intentarlo de nuevo.
¡Y qué insoportable es vivir en el mismo mundo
que ocupa este mal indomable!”
Basta ya, oh Señor. Quítame la vida. 1 Reyes 19:4
A los ojos de Elías ella había ganado.
A pesar del despliegue del poder del fuego,
a pesar de que el pueblo escogiera a su Verdadero Dios,
el reinado de terror de Jezabel estaba intacto.
Basta ya, oh Señor.
Quítame la vida. Pues no soy mejor que mis padres.
1 Reyes 19:4
Le embargó algo más que una sensación de fracaso.
No la había conquistado y se tuvo que enfrentar también al
hecho de que no podía derrotarla.
No sólo había fracasado,
sino que no podía triunfar.
Su debilidad le torturaba.
Quedó indefenso ante el mal que tenía
encomendado conquistar.
A pesar de la derrota de su “religión”
y del fallecimiento humillante de sus profetas,
Jezabel estaba impasible, y
su ira y maldad, más incontroladas que nunca.
¿Qué provecho había en derrotar a los profetas de Baal?
Ella seguía triunfante e indomable.
Elías aprendería que no había fallado,
pero era cierto que no podía vencer.
Elías tenía una autoridad inmensa sobre el reino demoniaco.
Dio instrucciones a los elementos de la naturaleza
a través de su ferviente oración:
¡sequía, lluvia y fuego del cielo!
Pudo confrontar al pueblo a una elección
y librarles de la presa de Satanás.
Pudo literalmente matar al poder del infierno
que Jezabel esgrimía y
destruir la falsa religión que había
fascinado a la nación.
¡Qué poderío! ¡Qué dominio!
Pero no pudo conquistar la premeditada y egocéntrica
rebelión de un ser humano porfiado y obstinado.
No pudo cambiar a la persona
que se entregaba por continua voluntad
al mal deliberado.
No tenía autoridad, fuego
u oración potente que pudiera detener
la contumaz e irreductible voluntad de una
persona con tan firme propósito de ser
la personificación de Satanás.
Jezabel era frío acero, insoluble
incluso al gran fuego de Dios.
Y él lo sabía.
Su desespero no era el temblor de un hombre débil.
Era el valiente enfrentamiento a la triste realidad.
Había llegado al límite de su poder
y autoridad.
Y reconoció que no poseía la habilidad
para destruir a Jezabel y su trono de arrogancia.
Su comprensible fatiga se unía
a su legítima desesperación, y la
única vía de escape a tanta perversidad
parecía que era... la muerte.
Su deseo de morir era una solución instintiva.
No era Elías el que había de morir,
sino su concepto de Dios,
ahora caduco y obsoleto.
Y fue necesario un largo proceso bajo los
cuidados del paciente Padre
antes de que Elías pudiera asimilar
el sorprendente secreto que destruye al mal.
Pan y Ascuas
Comenzó a soñar que un ángel le tocaba y le decía:
Levántate. Come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta de pan cocida sobre las ascuas y también una vasija de agua. Comió y bebió, y volvió a dormirse.
1 Reyes 19:5,6
Al principio del viaje de Elías, Dios envió cuervos y carne.
El agua manaba del arroyo que había a su lado.
El sustento era de la tierra, de lo común y ordinario.
Pero en este momento la ayuda procede de otra esfera.
No intervienen agentes externos, cuervos o viudas.
La provisión viene directamente del cielo.
En este momento de desesperación y hambre,
es un ángel y la aparición de
un pan sobrenatural
horneado sobre carbones ardientes.
Agua donde no había agua.
Todo celestial, no más alimento terrenal.
El pan representa la comparecencia viva del Señor.
No más carne a meditar y ponderar,
sino pan: la vivificante presencia del Señor,
nuestra necesidad más básica.
No mero pan, sino pan del cielo.
Recién hecho, para la necesidades INMEDIATAS
del HOY de Elías
Y agua de una jarra donde no llegaba el agua del desierto.
Agua, el poder desinfectante de la Voz de Dios.
Del mismo modo que el agua purifica el cuerpo, la Palabra
limpia el alma de la mancha y daño producidos por
la inmunda guerra contra Jezabel.
Una guerra más cruenta que cualquier batalla humana
por la anarquía desenfrenada
de la maldad del enemigo.
Ascuas ardientes de bienestar que son el bálsamo curativo del Señor. Cuando Dios hace un fuego santo para sustentarte
–como Jesús preparó a Pedro a la orilla del mar–,
lo hace para sanar
los terribles recuerdos, el vergonzoso fracaso y
las aterradoras pesadillas.
El fuego del juicio para la idolatría es una cosa.
El manso resplandor del ascua, enviada para paliar los
escalofríos de tu alma, es el fuego del alimento de Dios.
La presencia de Dios unida a la voz de Dios:
la sanidad completa de las almas asoladas,
el cambio sorprendente que acontece cuando Dios se
encuentra contigo por medio de Su ángel ministrador...
Aunque Elías corrió presa de la fantasía del temor,
el ojo de Dios le había seguido
hasta el desierto yermo de su pánico,
y con tierna misericordia alimentó a Su profeta...
aun allí.
Ángel, pan, agua y ascuas ardientes: símbolos de la
dirección que tomaba la senda de Elías, de lo que Dios
tenía en mente para su futura experiencia.
Pero antes de que ese hombre pudiera asirse a su futuro
tenía que dejar la madriguera de su temor.
Y esto requería un descanso por doble partida;
un sueño profundo y tranquilo;
la restauración de su cuerpo doliente y amoratada alma;
un respiro de la “guerra de las mentiras”;
y resolver la mentira que Elías había engullido...
una mentira que hizo que abandonara la certidumbre de Su Dios.
Hasta ahora el pan y el agua eran
meros símbolos de la promesa.
Elías aún tenía que escuchar
la Voz y conocer la Presencia Turbadora.
La manifestación de Dios –Sus dones y ángeles–
es distinto de
la presencia de Dios.
Su Presencia efectiva se halla en otro lugar...
y es digna de grande estima.
Las Mentiras de Jezabel
Jezabel tiene dos mentiras: la primera, que la necesitas.
La segunda, que no puedes vencerla.
Jezabel te convencerá de que su dictadura es amor en realidad,
y que su propósito es tu plena realización.
Esto hizo con Acab.
Se vende y promociona a sí misma. De un modo sutil dice:
“Sin mí no puedes conseguirlo”.
Asimila esto por dentro y ya eres Acab.
“Dependes de mí y sin mí
estás perdido.
Nada sabrás.
Nada tendrás.
Sólo con mi aprobación puedes lograrlo...
pero si me abandonas te mataré.
Conmigo vivirás, pero sin mí morirás.”
La puerta de doble gozne de su prisión...
las promesas si permaneces y las amenazas si te marchas.
La mentira es que ella sea dios... una mentira con dos caras:
Que ella es el origen del poder y el poder mismo.
No puedes tener miedo a menos que engullas la mentira
de que Dios es más débil que Jezabel.
Cuando descubres su villanía y quieres escapar,
la mentira de la presunción de Jezabel es esta: ella siempre
vence por un poder tan malvado y tan potente
que ni siquiera Dios puede controlarlo.
“Dios no me puede someter”. La convincente Mentira de
Jezabel de la mano del “nunca escaparás de mí”.
Jezabel lanza esta falsa ilusión al ‘profeta Elías’.
Graznando una bravata altisonante,
amenazando con un poder semejante al de un dios,
adopta la postura teatral como si gobernara la vida y la
muerte, y perjura sobre tu cadáver.
Queda registrado como algo terriblemente real... “es evidente que ella puede hacerlo”.
Y la flor y nata de los siervos de Dios se asustan.
Para que la fe del profeta se restablezca es indispensable la
disgregación de las mentiras atroces,
y el Padre Dios, en amorosa ministración,
se cuidará de ello mediante una
revelación de... Sí Mismo.
Debilidad y Coraje
Hay dos clases de debilidad.
Una es la debilidad de Acab.
La ausencia de valor, evasión de las responsabilidades.
Una cobardía que huye despavorida ante la
mínima muestra de fuerza presuntuosa.
Renuencia a luchar o siquiera a trabajar...
y, sobre todo, miedo del hombre y
una total ausencia de reverencia hacia Dios.
La otra es la debilidad de Elías.
Alguien atento a obedecer,
fiero defensor del interés de Dios...
enfrentando su llamado y
moviéndose hacia él con todo su corazón.
Pero la fiel voluntad –y sin excepciones– se topa con
el colapso del poder humano para llevar a efecto
los propósitos divinos.
La debilidad es la condición humana, sea
debilidad de cobarde
o debilidad de intrépido.
Vivir consciente de la debilidad humana,
en la presencia de un corazón celoso por Dios,
requiere un enorme coraje...
El único remedio para Elías era la comunión
con la Fuente del Vigor, su Verdadero Padre.
Mediante ese íntimo contacto
Elías era inyectado con el poder mismo de Dios.
La verdadera fuerza espiritual es impartida, no una meta
conseguida, y no es algo posible para la humanidad común.
“Acab” es mera debilidad aceptada; miedo consentido y mimado.
Se debe llorar la debilidad, debe lamentarse
y hay que arrepentirse de ella.
Estar desvalido debe considerarse
una verdad que corroe las entrañas,
pero en esta incipiente paradoja en que vivimos...
se tiene por algo deleznable e inaceptable.
Y en la angustia de la ineficacia y limitación humanas está
la energía para resolver la ecuación.
La aflicción y el desespero por sufrir pobreza espiritual
conforman el Vía Crucis que desemboca en la oración
que solventa el dilema: el poder infuso de Dios.
En la lista hebrea de los héroes que taparon bocas de leones, apagaron fuegos impuestuosos y
escaparon a filo de espada,
están aquellas personas tan humanas que
sacaron fuerzas de debilidad.
Heb 11:33, 34
La debilidad no es un obstáculo. Es sólo una prueba.
La elección es: ¿serás un Acab o un Elías?
El potencial que conduce en uno u otro sentido yace
dentro de nosotros, en el interior de todos nosotros.
Todo depende de cómo confrontes tus debilidades secretas.
Ciertamente el Reino de los Cielos pertenece al pobre.
El consuelo es el aliento de los que se afligen y se duelen;
la santidad, el Premio Celestial entregado a aquellos que
tienen el valor de ser débiles... y estar sedientos.
Mateo 5:3,4,6
La Voluntad de Dios Reconquistada
... y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días
y cuarenta noches hasta Horeb,
el monte de Dios.
1 Reyes 19:8
Elías escogió ocultarse en el desierto,
la perfecta descripción de su desolación.
Pero el lugar al que pertenecía era la montaña,
y era necesario que regresara a ese lugar alto.
Dios está en la montaña, una zona por encima
de la quemazón de la corrupción de la tierra.
Aunque te ministra en el Seol,
sólo intima contigo en la montaña.
El profeta vive en tanto se alimente de la montaña;
su hogar debe estar a dichas alturas solitarias,
sin importar por donde peregrinen sus pies.
Elías había abandonado el hogar de la montaña
trocándolo por el desierto del terror de los mortales.
Tuvo que emprender el viaje de vuelta socorrido por
agentes al servicio de Dios, e incluso necesitó
de un poder dado por Dios para terminar el viaje.
La montaña del llamado de Elías había dejado de ser
el Carmelo de las victorias del pasado.
Cuando has destruido la idolatría que subyace a Jezabel,
alcanzas un parcela diferente en el propósito de Dios.
Fue llamado al Monte Horeb, otro nombre para “Sinaí”,
la montaña de Moisés, de humo y fuego,
del pavor de Dios y Su santa ley.
Aunque Elías pensaba que su victoria había acabado en derrota,
la visión de Dios era promover a este hombre fiel
a un nivel de mayor autoridad.
De esto Elías no tenía la más remota idea,
atrapado como estaba en el esquema mental bajo la mentira de
Jezabel... bajo la jactancia de su poder ilícito.
Así pues, viajó tres mil quinientos kilómetros en dirección sur, en sentido totalmente contrario al norteño Monte Carmelo que tan bien conocía.
Cuando abandonas la voluntad de Dios abandonas a Dios.
Y el camino de vuelta puede resultar largo, pero se sostiene
por un vigor apasionado que procede de Dios.
Cuando Jezabel te ha separado de Su propósito Él se rebaja a sí
mismo para ayudarte a recuperarlo.
En ayuno de 40 días y 40 noches
la debilidad de Elías aumentó, pero su pánico se aplacó.
El ayuno es la muerte autoimpuesta, la inanición del
alma hambrienta.
La emoción vagabunda y la falsa urgencia debían morir,
no el hombre propiamente dicho.
El ayuno conquista a la carnal lascivia del temor.
A Elías ya sólo le quedaba la fuerza de Dios...
fortalecido con la Energía Celestial, sólo por la cual
se sometería a Su guía y regresaría a Su voluntad.
Desde un principio Dios había preparado para él un escondite
mejor que el desierto, más seguro que estar expuesto
a los lamentos demoniacos que moran allí.
Era una cueva dispuesta por Dios
dentro de la montaña de Su Ley.
Un lugar al que ni Jezabel ni sus agentes demoniacos
se atreverían a acercarse.
La voluntad de Dios es seguridad.
La voluntad de Dios es cobijo.
Y Jezabel tiene la firme intención de alejarte de la voluntad de Dios, lanzando sonoros alaridos de temible intimidación
cuando tomas posiciones en contra suya,
o recurriendo a sedantes halagos si le permites gobernar.
Puedes perder tu senda por la confusa algarabía
de su continua agresión.
El Dios Que Lo Es Todo enviará ayuda al desierto,
pero Él aguarda donde Su voluntad reposa
en espera de que vengas a Él.
Él es Dios.
No se inclinará ante cláusulas que no sean las Suyas.
No deniega Su auxilio, pero nunca abandona
Su propósito ni Su dominio.
Con la Paciencia Divina de Su Omnipresencia
Dios espera...
y espera, inmóvil e inflexible...
con misericordia soporta Él a
Su delicada oveja. Sólo el Amor puede hacer esto.
Y allí se metió en una cueva,
donde pasó la noche.
En el centro de la voluntad de Dios hallas la inmunidad que Su provisión completa y perfecta provee para salvaguarda tuya.
Él conoce el temblor humano ante la infernal Jezabel.
Él es la fuerza del alma y su refugio.
El Monte Horeb
El que obedece
oye a un Dios Manso
aun en presencia
de Su Temible Poder
La Pregunta
Vino a él palabra del Señor y le dijo:
¿Qué estás haciendo aquí, Elías?
1 Reyes 19:9 (Psh)
Dios es sobre todo un Padre.
Nos obliga a descubrirnos y a expresar el
más terrible de nuestros dilemas... contárselo a Él.
Elías se había engullido su propia crisis y
se había atragantado con su veneno introspectivo.
Había procurado una huida interesada,
para mayor desolación.
Sus únicos compañeros eran las mentiras
que le atormentaban en el agreste desierto.
Fue el error de Eva, un error eterno,
no hablar con Dios.
Sólo hablar con Él, eso basta.
Cuando Elías encontró su camino de regreso al lugar de la
provisión de Dios en el ámbito de Su concreta voluntad,
entonces pudo tener una reunión con Dios.
Elías descubriría que su incrustada opinión era absolutamente incorrecta, pero tuvo que depositar el error ante el Padre
en forma de queja directa antes de que pudiera ser borrada.
Y el Afectuoso Padre sonsacó de aquel hombre esa opinión
con el sondeo de una pregunta.
La respuesta de Elías eran el sollozo de la autocompasión.
Vivo celo he sentido por
el Señor, Dios de los Ejércitos.
Pues los israelitas han dejado tu pacto. Tus altares han derribado. A espada han matado a tus profetas.
Y yo, sólo yo, he quedado. Me buscan para quitarme la vida.
El Dios de los Ejércitos puede vencer a cualquier adversario,
sobre todo las falsas ilusiones del corazón humano.
Pero Él debe adueñarse del problema
por una simple comunicación.
Díselo a Dios en desnuda honestidad.
Eso es todo. Tan sólo díselo.
¿Y luego qué?
Nada.
Decírselo es entregárselo.
Decírselo es abrirte a ti mismo a
la Única Solución... Dios.
Cuando arrancas el velo al problema de tu corazón
para mostrarlo al Paciente Padre –basta contárselo–
Él responderá con el susurro de Su propósito secreto y te restaurará por completo al lugar que te corresponda en Su Plan.
La Montaña de la Ley
Acerca de todo esto el Señor le dijo...
habrás de ungir a Hazael,
ungirás a Jehú... y a Eliseo.
1 Reyes 19:15,16
Elías, cegado por los puños de Jezabel,
aún ignoraba el punto de vista de Dios.
Al destruir la idolatría,
al confrontar al pueblo de Dios procurando su restauración,
Elías había ascendido en el escalafón.
Para él una derrota... para el Señor, un éxito.
Pues Elías había completado la encomienda;
había llevado a buen término los propósitos de Dios.
A través de la oración, mediante el enfrentamiento,
en la solidez de su fe,
Elías había obedecido de un modo sencillo, pero total.
Y aunque Elías no estaba contento con el
incompleto resultado, el Señor sí lo estaba.
En la soledad de su montaña
Dios le habría de encomendar un nuevo encargo,
el de ungir y designar reyes.
El Señor siempre nos lleva más alto,
pero sólo en función del acercamiento a Su concreta
voluntad con pasos de devota obediencia.
Había terminado su guerra en las llanuras y
la lucha desde el escondite en las alturas del Carmelo.
Aquel que designa a reyes y profetas es un mandatario,
no un guerrero.
Elías había alcanzado una vida en los lugares celestiales,
un lugar privado donde recibir Directrices Divinas.
Olvidado el forcejeo con el “problema” en tierra,
Elías entraba ahora en los consejos del
Dios Altísimo y Sus propósitos futuros,
Su triunfo de lo Alto.
Jezabel ha de ser derrotada desde esta esfera,
desde el Trono Indómito de Dios
donde nadie puede oponerse a Él
y vivir para contarlo.
Elías se había mudado del Carmelo a Horeb.
El Carmelo era lugar de oración,
y asimismo de refugio y batalla.
Pero Horeb –o Sinaí– era el hogar del
refulgente dominio de Dios,
allí donde el fuego de Su trono celestial
se encontraba con la tierra y mataba a cualquiera
que sin santidad lo tocara.
Ejecutar la voluntad de Dios sobre la tierra con beligerancia
fiel significa que en su momento vendrás a morar dentro de
las Vastos Propósitos e Ideas celestiales,
para allí contemplar el curso de la victoria de Dios
sobre los enemigos de Su gobierno.
Aquel que designa a los gobernantes de las naciones
vive en el reino del absoluto dominio celestial
sobre cuanto concierne a este mundo.
Y allí, en función del pleno órden celestial que existe bajo la mano de Dios, se descansa en la victoria segura y soberana
frente a cualquier dictador pomposo y fanfarrón.
Dios siempre tiene Su plan para derrotar a Jezabel,
un final a largo plazo pero inevitable a su ilícito poder.
Sin embargo, el plan lo descubrimos al acudir
–sólo bajo invitación Divina–
al lugar del que emana su certeza:
Su Trono de Fuego.
Aunque Elías había huido de la voluntad de Dios
hacia el desierto del temor,
fue considerado fiel
por ser firme en la obediencia.
A pesar del desliz, era un hombre legítimo...
La Ley de Dios prevalece desde el Sinaí.
Su perpetua santidad se verá –al final–
plenamente cumplida.
Elías había vivido bajo la Ley de una voluntad de Dios personal para él. Era hombre legítimo...
y Jezabel la personificación de la ilegitimidad.
Sólo Dios puede tratar con la arrogancia humana
que se apodera de Su dominio.
Y en ese secreto que conduce a la derrota de Jezabel,
habría de descubrir al Dios de cielos y tierra...
Vientos y Terremotos
La nueva orden de restauración de Dios:
Sal fuera y ponte sobre la montaña, en presencia de Jehová.
Enfréntate a Dios. “Sal” de tu cobardía y
echa cuentas con Él.
¡Afronta tu encuentro con Él!
Acude allí y permite que se revele a Sí Mismo.
No sólo Su “agenda”... sino Él Mismo.
Estar en Su voluntad es poder conocerle,
y conocerle es la meta de Su voluntad.
La ‘misión-Elías’ lleva en sí una paternidad.
Y para llevarla a efecto se requiere una
experiencia del Padre Verdadero, el ‘Padre de las Luces’
en Quien no hay sombra ni mancha, y
ser ‘apadrinado’ personalmente por el báculo de
Su Perfecta Corrección.
La tutela de Dios como Padre conlleva siempre
la experiencia de temerle...
temerle a Él más que a Jezabel
reconociendo Su Verdadero poder
en oposición a las triviales amenazas de Jezabel.
Temor de Dios.
Su ausencia en Jezabel la convierte en Jezabel.
Elías abandonó la cueva de su refugio para dar audaz
testimonio de la demostración del dominio de
Aquel que lo Gobierna Todo.
Y he allí, el Señor pasaba, y
un viento grande y muy recio que rompía las montañas
y hacía pedazos las rocas ante el Señor.
El terremoto conmovió montañas, quebró peñas,
el viento aulló y destruyó,
y Elías regresó al conocimiento de
su Auténtica Fuente de Todo Poder.
Temió de nuevo a Dios, y la insulsa amenaza verbal de Jezabel
quedó en evidencia ante
la exhibición de la naturaleza bajo el Poder Reinante de Dios.
Pero el Señor que escinde montañas,
que difunde vientos inclementes,
no era el Dios de Elías.
Pero el omnipotente no estaba en el terremoto.
Por su obediencia, Elías estaba a salvo del
Dios que resquebraja la tierra.
Y tras el terremoto un fuego;
pero Jehová no estaba en el fuego...
De entre ruinas de la destrucción de Jezabel
debía subir a la memoria del profeta la
victoria del Monte Carmelo.
El Dios que ES Fuego y que hace llama.
Fuego y Flama, esto es Dios para el idólatra,
alguien de quien asustarse, ante el cual temblar de miedo.
Pero en cuanto a Elías, este Dios Terror de los Rebeldes
había venido a concienciarle de que
no estaba airado contra él.
Elías se había replegado a la cueva ante
la violencia de la naturaleza,
conmovido por el poder de la exhibición del Señor.
¿No te hubiera pasado igual a ti?
Pero en esa guarida en penumbra, vino a él
“un silbo apacible y delicado”.
Cuando el vidente guilaadita la oyó,
envolvió su cara con su manto,
y salió, y se puso a la entrada de la cueva.
Arrojando su capa sobre el rostro en la rendición
propia de un ya saludable temor, acudió a la entrada de
su cueva para encarar
al Único e Incomparable Dios.
En aquella intimidad aguardaba el delicado susurro de un
Dios que para Elías era... un Padre Comprensivo.
El precioso retorno del Temor de Dios
había restaurado en Elías la fe y conocimiento
del ‘Verdadero-Dios-del-Holocausto’ que
tiempo atrás había conocido en el Monte Carmelo.
Y por ese temor piadoso
pudo volver a escucharle a Él
y dejar de oír a Jezabel.
El Señor debía volver el rostro de Elías a la fe
en el Terrible Poder de Su Trono,
y al mismo tiempo
restaurar una íntima relación con un
Padre Cariñoso.
El destinatario de la tormenta era el enemigo;
el susurro era para Su siervo.
El Dios del terremoto y del viento no era el Dios de Elías.
Por la obediencia, Elías conoció la apacible ministración
de un Padre Divino que hizo menguar Su propio poder al nivel de un leve murmullo que la frágil humanidad del profeta pudiera sobrellevar.
La fe silenciosa en Dios, como verdadero Dios,
es más poderosa que tormentas y vientos.
Elías estaba acostumbrado a espectaculares muestras de poder.
No comprendía el mayor poder del silencio...
la confianza apacible y segura de Dios en Sí Mismo
sellaba la tumba eterna de Jezabel.
El gran conocimiento de Dios de la limitación y fragilidad humanas permitió al profeta confesar su incredulidad
y enseñarle con mansedumbre que,
aunque se ocultaba,
Dios no era débil ni había sido vencido.
Una vez más la punzante cuestión, enviada por segunda vez:
¿Qué estás haciendo aquí, Elías?
“¿Qué estás haciendo en este lugar de incredulidad?
Sal de ahí y
confiesa tus agravios a tu Padre Amoroso.
Habla conmigo.
Sigue trayendo a Mí tus lastimeros pensamientos,
y en Mi Tiempo, a Mi modo, te complaceré.”
La respuesta a Elías era la misma.
Todavía le quedaba por aprender la magnitud de
lo que acababa de presenciar
y el significado para su propio futuro.
El Padre tendría que dar explicaciones.
Y por ello Su gozo era grande.
Unción Para Juicio
Elías tenía encomendada la misión de ungir a los escogidos de
Dios, lo que de por sí significaba una nueva unción para Elías.
Designar reyes y profetas es
gobernar el futuro y vivir en
una dimensión que trasciende.
Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco...
Damasco estaba al extremo norte del Sinaí, Egipto,
a varios cientos de kilómetros de distancia.
Para llegar allí, Elías tendría que atravesar
los dominios de Jezabel y el valle de su palacio.
Nunca puedes huir del enfrentamiento contra Jezabel.
En algún punto tendrás que
ser obediente en el propio contexto de su perfidia.
Vuelve, regresa al lugar donde
abandonaste a Dios por miedo a ese principado...
anda hacia él llevando Su ungida encomienda,
y tu obediencia a ese mandato te protegerá.
Si vences el temor que de ella tienes,
el poder anexo a Jezabel queda desmantelado.
Tienes que enfrentarte a ella, pero has de hacerlo
con la dote de osadía otorgada por el Señor;
el coraje humano no tiene aquí parte ni suerte.
...una vez allí habrás de ungir
a Hazael por rey sobre Siria.
Damasco estaba en Siria, enemiga de Israel.
Cuando eres enemigo juramentado del
Verdadero Dios
por trabar amistad con Jezabel,
él enviará enemigos contra ti.
Hazael, el instrumento de la disciplina de Dios,
llevó sobre Israel un reinado de terror que
eclipsaría a la propia Jezabel.
Hazael habría de quemar las fortalezas de Israel,
matar jóvenes a espada,
asesinar niños y abrir en canal el vientre de las encintas.
2 Reyes 8:12
Y Hazael continuaría esa destrucción
por cuenta de tres descendencias de reyes israelitas.
Aún sería Israel ajusticiado por mano
del hijo de Hazael a causa del mal de
Acab y Jezabel.
2 Reyes 13
Debes entender que tolerar a Jezabel
–dentro de ti o en el ámbito de tu vida–
implica desplomar sobre tu cabeza
el juicio de la Intolerancia de Dios hacia ella.
El ardiente juicio de Dios pende de la cabeza de Jezabel
de modo permanente.
Ella simboliza lo ilegítimo; representa una arrogancia
tan descarada que llega a verse a sí misma
con un poder intocable incluso para el Dios de Todo.
Si te alineas con esta fuerza satánica,
aunque sea por el fracaso en la objeción,
estarás sujeto, al igual que Israel,
(incluso bajo los términos de la gracia del Nuevo Testamento)
a la ira de Dios contra los desobedientes.
Si no se arrepienten de sus obras,
los postraré enfermos en cama en gran tribulación.
A sus hijos heriré de muerte.
Todas las iglesias sabrán que yo soy
el que escudriña mente y corazón.
Y que a cada uno pagaré según sus obras.
Apocalipsis 2:22,23 (Psh.)
A la postre no es Jezabel con quien tratamos.
En la dispensación final, el Dios Omnipotente será
con quien “nos las veremos”.
No excusará el mal de Jezabel en nadie.
Y Él será un terror mayor para la humanidad
de lo que Jezabel soñaría ser jamás.
Él es Dios.
Siete Mil
Aunque la crueldad reina y la tiranía
procura matar a Dios...
cuando el mal pisotea un territorio
y entierra a sus oponentes,
Dios tiene bolsillos secretos
donde esconde a los puros.
A Su tiempo, cuando Él sea satisfecho, Dios responderá
a todos los dilemas de tu vida.
Los asuntos de Dios van primero. Después dará explicaciones.
Para Elías fue algo casi de pasada,
semejante a un ‘ah... por cierto’, cuando Dios dijo,
“No eres el único, como tú supones.”
Pues muy a pesar de todo, he dejado para mí en Israel
a siete mil, cuyas rodillas no se han doblado ante Baal...
1 Reyes 19:18
En esta época –y en estos tiempos– Dios está
en gran medida oculto, Sus mejores relatos no se narran,
Sus hijos fieles están ocultos
como si fueran algún tesoro resguardado de la luz del sol
sólo para disfrute Suyo.
Su anonimato les ha preservado.
Siete, el número del descanso de Dios en Su propia
perfección y satisfacción.
Mil, el número del orden de Dios y
de Su plenitud.
En medio del delirante despotismo de Jezabel
Dios queda lleno de satisfacción apacible
cuando sus hijos permanecen firmes y constantes
y cuando Él los cuida y protege.
La Biblia Amplificada traduce así:
He dejado para mí 7000...
cuyas rodillas no se han doblado ante Baal.”
(énfasis autor)
La mirada de Dios se centra en nuestra adoración,
en nuestro culto interior.
Nos etiqueta en función de nuestra rendición
y proteje a los que hacen por mantener su lealtad.
La verdadera devoción es íntima, sin excepciones.
¿Quién conoce el corazón? Sólo Dios.
Los que pelean contra la opresión del dios de la carne,
resisten la marea de la corriente actual
y vuelven a Dios sus corazones,
obtienen Su especial reconocimiento.
Y Él les libra del mal al que resisten...
por causa de Sí Mismo, por Su placer privado,
por esta excéntrica satisfacción Suya hacia la humanidad.
Elías en su duelo solitario con el mal
sólo conoció su propia cueva;
su propia derrota aparente.
El mal es siempre una batalla privada, sostenida a solas
en el alma.
Confronta la tiranía como si solamente,
solamente fueras tú. Nadie puede ayudar porque
no es una lucha contra el mal,
¡sino un asunto personal de... adoración!
El altar del corazón es absolutamente secreto y
se conforma en un lugar en el que sólo Dios es testigo.
Ese templo del corazón es
el campo de batalla entre Jezabel
y Dios.
Tú escojes el vencedor.
Tú edificas el altar.
Y de este modo vences
y hallas el santuario de Dios.
La guerra no es “quién te hace prisionero”,
ni siquiera “quién te va a matar”.
La batalla no es para salvar la vida. Es por
el dominio del alma.
Esta es la batalla: ¿quién será tu Dios?
Y tú –en soledad– conformas el resultado
mediante la rodilla postrada que
se somete en lo secreto.
La batalla no está fuera...
es completamente interior.
Dios –desde un principio– ha disfrutado Su victoria secreta en aquellos que sólo doblaron ante Él la rodilla de su aquiescencia y endurecieron su semblante ante Baal.
Y fueron resguardados de la espada de Jezabel.
Ocultos asimismo del notorio profeta,
contados y numerados por el particular aprecio
del Dios para el cual Jezabel era sólo
un accidente de la historia, un percance tolerado
como ejemplo para instruir a los
siete mil que eran fieles.
Esto se cumple en toda época y etapa del
relato Divino en la historia de la humanidad.
Dios siempre se mueve en secreto.
No necesita publicidad... se deleita en la clandestinidad.
Sus mejores narraciones no se conocerán
hasta la venida del reino.
Sus más sublimes siervos serán protegidos en su adoración
y resguardados en pureza del
mal contra el que están dispuestos a combatir.
Y serán preservados... para Él...
en régimen de reclusión.
Nunca veas a Dios como si estuviera inactivo,
como inmóvil ante el mal.
Elías cometió ese error y
le llevó a la falsa desesperación de la autocompasión,
y lo que es peor, a la falacia de su propia rectitud.
El Omnipotente tiene a los Suyos
y tiene planes propios.
El agravio sólo merodea al trono de forma temporal.
Únicamente por pura apariencia y no como una realidad...
¡y siempre es así!
Dios tendrá la última palabra
y el triunfo final.
Su victoria se desarrolla en secreto.
¡Y siempre es así!
El Beso
A pesar de todo, he dejado para mí en Israel a siete mil... las bocas de los cuales no han besado a Baal.
1 Reyes 19:18 (Psh.)
Jezabel instrumenta el falso romance de Satanás.
Doquiera que ella invada, hay un coqueteo,
un enamoramiento encubierto.
Este Enemigo Rencoroso no puede mantener un “romance con
Dios”, por lo que intenta hurtar la Aventura Amorosa
Divina simpatizando con la carne, un amante tangible.
El beso es el emblema de la pasión,
la expresión del amor secreto del corazón.
Lo que necesitas, eso quieres.
Lo que quieres, eso amas.
Lo que amas, eso besas.
Amar a la carne significa “besar” a Baal.
Necesitar la aprobación de las personas implica venerarlas.
Amar al mundo conlleva abrazar a su dios
con un ansia y pasión que equivalen a...
un beso.
La boca es el lugar de entrada,
la puerta a tu ser,
el receptáculo de lo que deseas.
Abres tu puerta y recibes dentro
aquello que valoras... con un beso.
La vida se sustenta a través de la boca
y lo que amas se recibe a través de la boca.
La boca es la fuente que expone lo que eres
y da la bienvenida a lo que amas.
El problema del Baal de Jezabel es
cuestión de afectos y cariños.
El amante secreto del corazón... aquello que besas.
La adoración siempre versa acerca del amor.
Besas lo que amas. Lo haces.
La cuestión no sólo era inclinarse a este dios
de carnal adoración.
Jezabel conlleva un romance, su particular escarnio
al Dios de Amor...
Inclinar la cabeza ante ella es una felonía, pero amar y cortejar
a tu ídolo es la traición definitiva del corazón.
Dios es celoso de que obedezcas a otro aparte de Él.
Pero la aflicción llega a su corazón cuando
amas a otro en sustituto de Él.
La Fe es Pasado
La batalla que mantuvo Elías durante toda su vida
y su Postrer combate fue con el espíritu-Jezabel.
Y cuando garantizó su derrota
se elevó a los cielos en un carro
sorteando la puerta de la muerte que el resto
ha de cruzar.
¡Pero ten esto en cuenta!
No presenció su fallecimiento;
no estuvo implicado en su caída.
Fue arrebatado mucho antes de que ella muriera.
Tan sólo escuchó la proclamación
de la ruina futura del reino de Acab
por Boca de Dios.
Y descansó en la victoria de Dios
como si ya se hubiera cumplido hasta el último detalle.
Nunca ungió a Jehú como rey.
Fue Eliseo quien heredó esa tarea.
Cuando Dios declara una cosa y sólo uno
de sus “oídores” es capaz de captar Su Voz,
esa palabra tiene el mismo valor que un hecho
y… ¡en realidad es parte del pasado!
Dios “llama las cosas que no son,
como si fueran”.
Y cuando lo llama, es.
La derrota de Jezabel no es un asunto de
sudor y lucha.
En ese cuadrilátero serás derrotado.
Elías lo intentó y fue aplastado.
El fallecimiento de Jezabel es
cuestión de fe que viene
por el oír, y
el oír directamente de Dios
por esperar en Su presencia.
Sólo conocer Su Voz es la victoria...
... ¡y es una victoria completa!
La certeza quieta y firme de Dios en Sí Mismo
sella el fin eterno de Jezabel.
Jezabel Aniquila
... poned a Nabot delante del pueblo; y poned a dos hombres perversos delante de él, que atestig:uen contra él y digan:
Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo,
y apedreadlo para que muera.
1 Reyes 21:9,10
Nunca olvides que Jezabel aniquila.
Codo con codo con su maestro Satanás
su objetivo es destruir por completo al pueblo de Dios
llevándolo a una muerte segura.
Pero la muerte no basta.
El malévolo apetito de destrucción
lo abraza todo bajo su red.
Primero Jezabel destruye la reputación.
Este el el primer golpe que atesta su ingenio maligno.
Siempre hallarás susurros
de mentiras insidiosas danzando en torno a Jezabel.
Y embauca a otros para que sean
los recipientes de sus acusaciones
de modo que su crimen sea un trabajo compartido.
Jezabel ejerce un control tan voraz
que engulle tu propia identidad por
la pérdida de tu “no”, y
cuando eso sucede, Jezabel puede
destruir a tu familia,
derrocar a la iglesia
y dominar a tu nación.
La insaciable ambición de Jezabel
perfora tu cerebro
y hace que la confusión guíe tus pensamientos.
Su control penetra en tu ser interior por
el poder de la hechicería que surge de la rebelión.
Mediante fuerza opresiva, este principado absorbe la
energía misma de tu cuerpo
y apaga el fuego de tu alma.
Ella hurta estas preciosas fuerzas vitales...
aun al ardiente Elías.
Así pues Jezabel encadena... la mente, el cuerpo y el alma.
Su intención es matar también tu espíritu.
La destrucción definitiva de mano de Jezabel es
la trituración de tu relación con Dios
pues alega hablar a favor de Él... como Él.
De este modo, la continua agresión de
la lógica demon